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EL BARROCO MÁS PERVERSO

25/01/2019 | Por: Conrado Xalabarder

La película irlandesa The Favourite, de Yorgos Lanthimos, parte junto con la mexicana Roma, de Alfonso Cuarón, como favorita para los próximos Oscar, premio al que ambas compiten nada menos que con 10 nominaciones cada una. Ninguna en el apartado musical, en tanto no tienen música original alguna. Las músicas y canciones que suenan en Roma son de la época en que trancurre la acción -principios de los setenta- y su aplicación es diegética, para enfatizar el realismo. En el caso de The Favourite sí hay abundante música, toda ella preexistente y de uso no diegético sino incidental. Aunque la Academia de Hollywood recuperara la extinta categoría de Mejor Banda Sonora Adaptada no podría competir porque nadie ha adaptado esta música como en su momento hizo (con Oscar de recompensa) Leonard Rosenman en Barry Lyndon (75) Pero con todo, el uso musical en este filme debería ser recompensado con un premio, para gran disgusto seguramente de sus autores: Haendel, Bach, Vivaldi o Purcell, entre otros de los estupedamente damnificados.

Porque la música barroca de este filme no está para ambientar sino para embarrar, ni para explicar sino ridiculizar. Con el barroco, no hay aristocracia sino vulgaridad, ni elegancia sino bajeza. Es, de este modo, la antítesis de la finezza y el reinamiento con el que estas músicas fueron creadas. Evidentemente sigue siendo música de caviar, pero aplicada sobre una reina desquiciada, dos mujeres oportunistas y arribistas y una corte de aduladores y conspiradores la música queda deliciosamente sucia, grotesca, bufonesca. Viendo la película pensé mucho en el barroco de John Addison para Tom Jones (63) -si bien era música original y premiada con el Oscar-, pues también tenía mucho de burlesco. También me recordó al barroco de Morricone para Vatel (00), que servía para el entorno palaciego pero también para resaltar las miserias de los poderosos, o el uso de la música de Haendel en The Madness of King George (94), que incidía en el descontrol mental del monarca.

Son algunos de los muchos ejemplos de músicas universalmente asociadas a lo elegante, lo noble y lo distinguido y que partiendo de ese reconocimiento se retuercen para que jueguen a la contra de los personajes que, en teoría, deberían ser elegantemente vestidos y arropados con ellas. Para Lanthimos estas músicas son como las pinceladas finales que añade para acabar su filme y, con su perversión, muestra un cuadro deliciosamente satírico. Así, y pese a no tener música original, es una banda sonora de merecido reconocimiento.

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