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EL VALOR DE LOS CONCIERTOS

02/11/2018 | Por: Conrado Xalabarder

Lo dirija un desconocido o tome la batuta John Williams, los conciertos de música de cine son -siempre y cuando sean buenos- estupendas celebraciones de la música, pero por principio no son la máxima celebración de la música de cine, pues no hay fiesta más importante que la de la película, el lugar natural donde la música se entiende en su plenitud, asociada a su construcción dramática, emocional o narrativa.

Si no hubiera conciertos de bandas sonoras (y también ediciones discográficas), la música de cine seguiría existiendo y la podríamos seguir elogiando, porque aquello que hace en beneficio del resto de la película es lo más importante. Hay excepciones puntualísimas, como por ejemplo grandiosas bandas sonoras malgastadas en filmes infames o que simplemente no tuvieron una grabación adecuada, y en las salas de conciertos -o regrabaciones- pueden realzarse sus valores musicales y apreciarse matices imposibles de captar en la película. Pero eso no cambia que el máximo valor de la música de cine está en el cine, no fuera de él.

Hace ya un tiempo publiqué el editorial Prohibir la música II (hubo una primera parte), donde exponía mis reparos a los conciertos de música de cine. A estos editoriales me remito constantemente -son dos de los más leídos en la Historia de MundoBSO- y en en segundo expuse que:

Los conciertos de bandas sonoras que tanto abundan en las programaciones de los auditorios de música no sirven mucho para difundir los valores de la música de cine sino que simplemente la popularizan, y hacerla más popular no implica por desgracia hacerla más reconocida, si ese reconocimiento solo se sustancia en una apreciación de lo musical.

Debo recordar que terminaba el editorial afirmando que La gente tiene derecho a ser feliz, y si los conciertos de música para cine dan felicidad, ¡no seré yo quien los objete! Por tanto, asumo que mi postura es personal e intransferible, sin pretender hacer causa alguna con ella. Sin embargo, debo decir que muchos conciertos acaban por hacer una representación de la música de cine reduccionista, simple y meramente comercial, y eso es algo negativo. Por ejemplo, ¿por qué parece inevitable que en un concierto general tenga que incluir uno o varios temas de Star Wars? ¿Acaso no hay más músicas fabulosas que programar? Esto es algo que he comentado en el artículo del Ágora Tyler, Williams y el becerro de oro, al que también me remito. Si la respuesta ha de ser porque así la gente acude, funciona como gancho o es lo que el público quiere escuchar entonces tendremos que asumir que hay un verdadero problema por resolver y que los conciertos son de utilidad limitada, porque a nadie se le ocurre pensar que en conciertos serios de música clásica programen casi sistemáticamente el Danubio azul...

Hablo por mi, y exclusivamente por mi, pero yo ya me he cansado de escuchar Star Wars en concierto. Es un hartazgo. ¿Maravillosa? Absolutamente. Nunca me cansaré de escucharla en las películas pero ya no puedo con ella en concierto ¡la dirija quien la dirija! Y no solo de Star Wars... ¡hay tanta obra maravillosa, que al público le entusiasmaría escuchar, y que es inédita en concierto! De Williams o de cualquier otro autor. Obras que sencillamente no existen, ni se cuenta con ellas. ´

Si lo que sucede es que hay miedo a que el público no responda con una programación no tan popular, entonces es claro que los conciertos no tienen el valor que se les atribuye como difusión de la música de cine. Bien al contrario, de ser así, la perjudican: parece que todo lo que se puede ofrecer de interés son esas músicas populares. Ciertamente hay conciertos monográficos de autores que exponen la obra de ese autor, aunque finalmente hemos visto que en un monográfico de Williams nada menos que en el Royal Albert Hall el 70% ha acabado por ser la música de siempre. Y si así son las cosas debo decir que, para mi, es infinitamente más interesante un concierto de Roque Baños en Albacete que uno de John Williams en Londres, no considerando, claro está, el mero placer de ver al maestro dirigiendo (que en Londres finalmente no pudo ser) Lo cierto es que aún no he olvidado a Baños dirigiendo en Córdoba una suite sobrecogedora de Evil Dead (13) y del Star Wars del Royal Albert Hall ya ni me acuerdo.

Porque el verdadero valor de los conciertos, para mi, es ante todo dar a conocer lo mejor de lo desconocido. Lo otro es cansino.

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