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ES PEOR, PERO ES MUCHO MEJOR

21/10/2021 | Por: Conrado Xalabarder

Es una cuestión que se plantea cíclicamente: ¿la mejor banda sonora es la que mejor música tiene? A esa pregunta yo siempre doy la misma respuesta: "absolutamente no". Y esta es mi (cíclica) argumentación: la buena música de cine es aquella que es útil a la película, y ese debe ser su principal objetivo. Por ello, es fácil deducir que una mala música (considerada desde el criterio de calidad musical) puede ser una gran música de cine, o que una estupenda música puede ser cinematográficamente mala. Para conseguir una máxima utilidad no se ha de sacrificar necesariamente la calidad, pero la eficiencia es lo imperante, por lo que el objetivo es el de una música útil, no el de una música buena: ¿es buena música de cine la que, estando impecablemente bien escrita e interpretada, no cumple con el cometido que tiene asignado? ¿Y aquella de la que se espera que provoque una determinada reacción y que, por las razones que sean, no logra ese propósito? ¿Es buena aquella que, debiendo aportar una información, no lo logra? ¿Y la que, cuando debe clarificar, confunde? Una cosa es buena música y otra buena música de cine. No es lo mismo. Recordemos la música de la ducha en Psycho (60), ¿acaso despertaría la ovación del público en salas de concierto acostumbradas a escuchar Mozart, Bach o Beethoven? Seguramente, no. Ese tema es de una sencillez absoluta, ¿pero, quién podría superar su efecto? Naturalmente lo que Herrmann escribió fue música, pero por encima de ello hizo cine.

Durante muchos años he sostenido que mientras la música fuera útil las cuestiones sobre su calidad eran irrelevantes, un criterio que he ido ponderando aunque me parece poco cuestionable que lo más importante es la funcionalidad. Pero desde luego es mejor hacer bien la mala música que no confiarla a un compositor incompetente: por ejemplo, el pastiche barroco que escribió John Williams para la llegada de los turistas en Jaws (75) es un ejemplo de maravillosa música banal, que además se contrastó con la poderosa y refinada música stravinskiana del entorno del tiburón para hacer aún más ridículo y hasta divertido el potencial alimento del escualo (Tourists on the Menu, se tituló sarcásticamente este tema en la banda sonora). O si por ejemplo queremos discriminar personajes dándole a uno exquisita música y al otro mala música, ahí tendremos plenamente justificada una música de menor calidad: pocas cosas pueden resultar más útiles que darle mala música a un personaje vulgar. La cuestión es delimitar en qué momento una música sin unos mínimos de calidad deja de ser buena banda sonora aunque cumpla su cometido si el mismo cometido podía haberse logrado con música mejor hecha. No es un tema baladí sino muy importante y al que creo hay que prestar toda la atención: el cine acepta la presencia justificada de mala música pero a la vez sería difícilmente justificable que esa música mala fuese hecha desde la incompetencia.

Música mejor, música peor. Todo apunta -aunque aún quedan un par de meses para concluir el año- que las dos bandas sonoras que más destacarán de cara a los próximos premios Goya responden en parte a estos dos polos: por un lado está la música de Alberto Iglesias para Madres paralelas, que creo es exquisita en lo musical pero a mi modo de ver fallida en lo cinematográfico, por las razones que expuse en su reseña; por el otro, la música de Zeltia Montes para El buen patrón, sencilla, imperfecta, algo banal y hasta con apariencia de haber sido hecha deprisa e improvisadamente, caótica, pero pese a ello resulta una ayuda excelente para crear un personaje que es imperfecto y banal, tal y como también expuse en la reseña. La una tiene impresa la autoría clara de su compositor; la otra es una amalgama de referencias (Williams, Morricone...) Imagino pues que la música de Iglesias puede ser celebrada musicalmente y sospecho que la de Montes no lo sea tanto, pero hay mejores resultados con su música que con la de Iglesias. Son estos contrastes que reiteran una pregunta que conlleva una respuesta siempre reiterada, y es que lo peor es a veces mucho mejor.

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