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LOS OSCAR NO SON LOS GRAMMY

13/01/2020 | Por: Conrado Xalabarder

Anunciadas las nominaciones al Oscar, solo hay una razón para que Hildur Guðnadóttir no se lo lleve y no es otra que se le dé a John Williams como reconocimiento por su trabajo en las nueve películas de la saga galáctica. Que sucediera no sería descabellado, hay posibilidades y sería merecido: de alguna manera se juntarían las razones que llevaron a darle a Shore el Oscar por la tercera entrega de la trilogía de The Lord of the Rings con las que galardonaron a Ennio Morricone por toda una carrera cuando ganó por The Hateful Eight (15), una estatuilla que todo el mundo dio por bien ganada precisamente por esa razón. Sería un Oscar a Williams que merecería una gran ovación por lo universal de su obra, la trascendencia histórica de su contribución a la saga y de alguna manera incluso también como respuesta al artículo tan discutible del Washingon Post -un diario de referencia mundial- que hoy mismo hemos comentado en el Ágora en el artículo de contestación ¡John Williams es racista!, un título en modo tabloide que espero sea entendido desde su perspectiva satírica. Pero creo que, atendiendo a la creación estrictamente individual, Joker debería ser la banda sonora ganadora y no porque vaya a ser la primera vez en más de veinte años que una mujer se hace con el Oscar musical (desde el que ganara en 1997 Anne Dudley por The Full Monty), pues esta sería otra razón externa al filme, como la de Williams. No, Joker merece ganar por sus méritos propios, que no son pocos.

Hace un par de años publiqué un editorial con título que ahora repito, Los Oscar no son los Grammy, y si lo repito es porque también debo reiterar argumentos allí expuestos: de modo casi sistemático no son pocos los que confunden el Oscar con el Grammy. Los Oscar no son premios musicales sino cinematográficos, y cuando se destaca una banda sonora con una nominación hay que ir a la película para saber de sus excelencias o sus deficiencias, no al disco donde está esa música. Los Oscar no son los Grammy, aunque para muchos tengan el mismo significado, y eso es lamentable entre aficionados pero lacerante en medios de comunicación. No se premia un CD y mucho menos la trayectoria de un compositor: comentarios tipo se merece/no se merece el premio porque es la más bonita son un desprecio a la música de cine como cine. Los premios Grammy, en cambio, sí premian la música como tal e incluyen las bandas sonoras. De quien nomina y vota estos galardones se esperan juicios musicales; de los premios cinematográficos deberían ser esperables cinematográficos, no solo musicales. La construcción narrativa, el guion musical, el hacer película con la música o su importancia como herramienta de comunicación, de transmisión de información, son los aspectos fundamentales.

Y desde esta perspectiva me parece que la banda sonora de Joker no tiene rival posible: he escrito bastante sobre esta creación y a esos textos me remito: su ficha en MundoBSO, los editoriales La música es la película e Interpretar con la música y el artículo de debate en el Ágora ¿Por qué gusta la música de Joker? Es difícilmente entendible que haya quien celebre la película y la poderosa intervención de Joaquim Phoenix a la vez que no sepa ver que ambas son lo que son por la música rota, desquiciada, de la compositora islandesa, cuya música es al 100% de un personaje que quedaría completamente inexplicado con una música melódica, ordenada, fácil de escuchar...

Las candidaturas musicales de Marriage Story (Randy Newman) y Little Women (Alexandre Desplat) son las dos testimoniales: la primera dignísima pero básica en lo que a su presencia y potencia en el filme se refiere y la segunda parece ser más una nominación derivada de las otras que ha obtenido la película (seis, incluída la de mejor filme) y tampoco tiene tanta entidad musical y cinematográfica. La otra opción, 1917, supone la 15ª candidatura al Oscar de un Thomas Newman que deberá esperar a otra oportunidad para lograr un premio que merece desde hace mucho pero por trabajos más completos, comprometidos y menos improvisados, como se puede deducir de esta obra a partir de lo que se cuenta en una larga entrevista al montador de la película, el ganador del Oscar Lee Smith, que en breve quiero comentar con cierto detalle. En cualquier caso, si no se focaliza la atención sobre el uso narrativo o dramático de la música la perjudicada será la música de cine. Los Oscar, como cualquier otro premio cinematográfico, celebran o deberían celebrar la aportación del compositor/a al filme, y no otra cosa.

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