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CONCIERTO ELDEN RING SYMPHONIC ADVENTURE

02/04/2026
Marc Musquera

Elden Ring Symphonic Adventure
ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS
COR JOVE AMICS DE LA UNIÓ
dir: ADRIÁN RONDA
Auditori CCIB, Barcelona
28 de marzo de 2026

Sin duda, uno de los videojuegos más relevantes de estos últimos años es Elden Ring (2022), todo un fenómeno de mundo abierto, fantasía oscura, enemigos formidables y una historia críptica y absorvente, fruto de la colaboración entre el director y diseñador Hidetaka Miyazaki y el novelista de fantasía George R. R. Martin, famosísimo autor de la saga Cancion de Hielo y Fuego en la que se basa la serie de HBO Game of Thrones (2011). Juego del año del 2022, jugadores de todo el mundo han invertido horas y horas (y vidas y vidas) en este videojuego.

Pues ahora el videojuego ha sado el salto a la experiencia inmersiva audiovisual de la mano de Bandai Namco Entertainment (distribuidora del videojuego) junto a Overlook Events, y el pasado sábado 28 de marzo llegaba a Barcelona el tour mundial del concierto sinfónico oficial de Elden Ring en formato Symphonic Adventure, como la misma Overlook Events ya ha hecho con anterioridad con los animes de Dragon Ball y Saint Seiya, así como con la saga de videojuegos Assassin’s Creed. Dicho formato ofrece la experiencia de revivir las etapas clave del producto homenajeado a través de montajes audiosivuales en gran pantalla, sincronizados con un diseño de iluminación pensado para la ocasión y con su música, interpretada en directo por orquesta y coro, que para esta ocasión, fueron las formaciones catalanas de la Orquestra Simfònica del Vallès y el Cor Jove Amics de la Unió de Granollers, dirigidos por Adrián Ronda. Ronda, todo un experto en conciertos transmedia y especialmente de música de videojuegos, es uno de los artífices del proyecto Games&Symphonies donde, también con la Orquestra Simfònica del Vallès, deslumbraron el Palau de la Música Catalana como ya explicamos en MundoBSO.

Así, Elden Ring Symphonic Adventure reconstruyó, a través de casi dos horas y media de concierto y de suites de las épicas composiciones del videojuego (obra de hasta cinco compositores japoneses), la historia principal del protagonista: un guerrero conocido como un Sinluz que recorrerá las Tierras Intermedias tras el evento conocido como La Devastación, una guerra divina que trajo la oscuridad y la ruina del lugar, y en la que el Círculo de Elden que gobernaba la ley del mundo (el Elden Ring) fue destruido en fragmentos, custodiados cada uno por semidioses enemistados entre sí, a lo largo y ancho del mundo. Y así, derrotando a todos los semidioses y reuniendo todos los fragmentos del Elden Ring, quizá el Sinluz protagonista logre restaurar el orden en el reino.

Tanto la Orquestra Simfònica del Vallès como el Cor Jove Amics de la Unió de Granollers, bajo las órdenes de un concentrado pero vivo Adrián Ronda, brillaron en las numerosas suites que conformaban el concierto, manejándose magníficamente con gran impetuosidad en las secciones más colosales pero también acertadamente solemnes en las partes más locativas, con ese desangelamiento de una zona muerte que pide revivir a gritos, que tan característico resulta en la música a lo largo de las regiones del juego. En gran medida resaltaremos la melancólica y celestial suite de la Raya Lucaria Academy y Rennala, Queen of the Full Moon, así como el final de la primera parte del concierto con las suavidades más medievales de Leyndell, Royal Capital y la gran épica sinfónico-coral de Morgott, The Omen King. Y del segundo acto, el reinicio no pudo ser mejor con la bajada al inframundo y la suite de Siofra River y Mohg, Lord of Blood. Sin olvidar mencionar, obviamente, la suite de la archiconocida Malenia, Blade of Miquella ni, por supuesto, con la emotiva suite final con Godfrey, First Elden Lord, la narratividad temática de Elden Beast, y un medley de todos los finales posibles de la ruta principal del videojuego, para culminar con el tema principal de Elden Ring.

Sin embargo, el concierto como tal resultó en una experiencia algo irregular. Como digo, nada a reprochar a la interpretación de la música ni a los artistas en el escenario, pero sí en la forma en que el concierto planteó traspasar la música de un enorme mundo abierto —es decir, que se puede recorrer a antojo y orden arbitrario del usuario— a una narrativa lineal; como era el propósito de este concierto sinfónico, que repasaba la historia principal del videojuego. Así, las suites se focalizaron en base a las diferentes regiones de las Tierras Intermedias, empezando con la suavidad de la música locativa para terminar con la épica batalla del semidiós custodio. Una muy buena idea para ofrecer una visión global de todas las regiones, pero recordemos que las piezas locativas de Elden Ring son gélidamente bellas pero estáticas, sin evolución alguna, sin grandes matices, casi en un segundo plano; en claro contraste con lo colosal de las piezas de batalla, que por su naturaleza de mundo abierto pueden ser asaltadas en cualquier orden y por tanto no existe una hilo conductor épico en la propia música de acción: todas las batallas tienen una música sinfonico-coral bombástica al mismo nivel. Con lo que, al final, el concierto daba señales de agotar su propia fórmula a medida que avanzaba el programa, por ser todas las suites épicamente parecidas. Agotamiento musical que, eso sí, no se reflejó en un público claramente encantado de la experiencia.

Asimismo, hubo un fenómeno curioso al respecto de los montajes audiovisuales, que mezclaban secuencias de juego con escenas cinemáticas. En ese sentido es lo más lógico, teniendo en cuenta el formato narrativo del concierto. Pero Elden Ring se caracteriza por no tener música en la mayoría de cinemáticas importantes, y como los arreglistas de las suites quisieron ser puristas con el videojuego, apenas había encadenamiento musical entre piezas de una misma suite si había cinemática entre ellas. De hecho, muchas de las suites terminaban musicalmente con grandes crescendos corales, pero el audiovisual seguía unos segundos más con una cinemática sin música, de pocos segundos, que completaba la historia pero entorpecía los aplausos de un público entregado, pero que no sabía muy bien cómo expresar su agrado a los artistas. En ese sentido fue curioso cómo, durante todo el primer acto del concierto, la gente esperaba a aplaudir al final de los audiovisuales, y en esos aplausos no parecía haber mucho entusiasmo, pero llegó el aplauso del intermedio y el público estalló en vítores, gritos, y gente de pie. La gente se lo estaba pasando en grande, pero no sabía cómo ni cuándo expresarlo. En el segundo acto ya el público aplaudió al final de las interpretaciones musicales ignorando las cinemáticas, y todo el concierto cobró otra vida.

En retrospectiva, la música estuvo fantásticamente orquestada e interpretada, con unos músicos que supieron estar al nivel requerido en todo momento aun con las citadas pausas musicales en las propias suites —todo un reto también para Adrián Ronda a la batuta—. Pero la propia estructura musical del videojuego, y unos audiovisuales que parecían estar compitiendo con la orquesta para tener más protagonismo que la propia música en directo, bajaron puntos a una experiencia que fue buena, pero podría haber sido grandiosa.

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