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EDUCAR PARA MEJORAR

22/01/2021 | Por: Conrado Xalabarder

La difícil situación de la mayoría de los compositores cinematográficos les aboca a tener que aceptar lo inaceptable y compromete cualquier iniciativa creativa. El futuro de una música de cine de calidad peligra si se sigue devaluando su importancia, y si se extiende el desprecio por la integridad y aportación del compositor. Es muy difícil revertir esta situación, pero una herramienta para lograrlo es la educación.

Como sucede en todos los ámbitos, hay compositores que se quejan y actúan, los hay que se quejan pero nada hacen y los hay que, sencillamente, no se quejan. No es reprochable: las colas del paro están llenas de compositores valientes, por un lado, y casi todas las iniciativas que se han emprendido han fracasado: lo hemos visto en el repaso exhaustivo que hemos hecho en MundoBSO, con muchas consideraciones, del libro de Stephan Eicke The Struggle Behind the Soundtrack (es significativo que su contenido solo nos haya interesado a nosotros desmenuzarlo para exponerlo al conocimiento público). También hemos escrito sobre ello en Crónica de un fracaso, sobre los fallidos intentos de formar un sindicato en USA. Una frase de Mychael Danna es demoledora: Si Hans Zimmer quiere que suceda y no sucede es que no va a suceder.

Esta semana el compositor Iván Martínez Lacámara ha publicado unas reflexiones en la revista digital La Novicia donde afirma:

Actualmente, en la música para el audiovisual no hay margen para la innovación, al menos en la parte comercial. Puede sonar muy categórico y catastrofista, pero la creatividad está muerta, y no es culpa del compromiso o la calidad de los compositores, principalmente es culpa de “El síndrome de maqueta” (así lo he bautizado), muy arraigado en los directores actuales, y que condiciona sobremanera la forma de crear música.

Es la canción de siempre, ya universal, de la que el libro de Eicke da buena cuenta con otros ejemplos incluyendo actitudes de la industria muchísimo más graves, que afectan la dignidad profesional, económica y hasta personal de los compositores. No exagerando mucho, es la ley del trabaja rápido y a ser posible gratis, que en realidad te estamos haciendo un favor. Sucede en muchas otras profesiones, pero es acuciante en la composición para el cine, y no difiere tanto de aquello que sucedía en el nazismo, el fascismo o el stalinismo de sacrifícate por tu país, trabaja mucho, cobra poco, levanta la patria y tendrás tu recompensa. Millones de obreros se dejaron la piel por una patria que nunca les devolvió lo invertido, y en cambio muchos empresarios y jeritalfes políticos vivieron de maravilla gracias a esa entrega. En el cine actual sabemos que pasa algo muy parecido: si protestas, tu antipatriotismo te sacará del mercado. Es una pandemia de la que poca gente sabe y a la que no poca gente le es indiferente. Pero importa, y mucho: el futuro de la música de cine depende de poner en su justo valor la integridad del compositor, y de allanar el terreno a la calidad, la originalidad, el compromiso y la creatividad. Hay iniciativas de entidades como ASCAP en Estados Unidos, o Musimagen en España y su red de asociaciones aliadas que intentan con mayor o menor éxito pero con fundamental empeño mejorar las cosas. La educación desde la base es la mayor aliada posible para mejorar esas cosas. En las escuelas y academias de cine pero también en las escuelas y academias generales.

Hace unas semanas los alumnos y alumnas de un instituto en Mollerusa, una pequeña y hermosa capital de comarca de Lleida, organizaron una exposición de música de cine. Cada uno de ellos y ellas se habían dedicado a estudiar un compositor, homenajearon a Ennio Morricone y destacaron a las mujeres compositoras. Adolescentes que seguramente no conocerían a ninguno de esos compositores pero a los que dedicaron tiempo, investigación e ilusión. En lo que a mí concierne, su profesora, Cristina Mestre, es una benefactora de la música de cine. Si esto se extendiera por miles de institutos y colegios de todo el mundo, es bastante probable que las cosas cambiaran, que el conocimiento generara tolerancia y respeto.

En un panorama tan sombrío la educación es un rayo de esperanza, y así quise compartirlo en importante foro estadounidense en Facebook, donde la tónica usual es la de compartir desgracias y miserias, donde se exponen los abusos y atropellos. Pensé que sería bonito mostrar lo que hicieron en este instituto y significar lo muy importante que es trabajar en educar desde la adolescencia. ¡Los compositores también pueden participar activamente! Era un mensaje de esperaza... que el administrador del grupo borró inmediatamente por considerarlo banal e irrelevante, y me amenazó con bloquearme si volvía a publicar algo parecido. Naturalmente me dí de baja de ese foro para dejarlos llorar tranquilamente.

Pero sea como sea, la educación es una de las herramientas que más pueden ayudar a mejorar la existencia de los compositores de cine y la propia música de cine. La complicada situación de los compositores y la progresiva devaluación de la música en el cine puede revertirse si se educa a los jóvenes para que conozcan lo que muchísimos de los que tienen el poder en la industria del cine desconocen.

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