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LOS SETENTA (IV): HUELLAS AMERICANAS. PARTE I

21/01/2021 | Por: Conrado Xalabarder
HISTORIA

Capítulo anterior: Los setenta (III): El adiós de tres maestros

En los setenta Leonard Rosenman tuvo cierto resurgir tras una temporada, en los sesenta, en la que pasó algunos años sin trabajar en el cine. Se llevó en esta década dos Oscar consecutivos, si bien por adaptaciones: Barry Lyndon (75) y Bound for Glory (76), pero tuvo ocasión de continuar con cierta dignidad la saga de Planet of the Apes (68) en las secuelas Beneath the Planet of the Apes (70) y Battle for the Planet of the Apes (73), en las que siguió parcialmente las pautas estilísticas de Jerry Goldsmith. Hizo también brillantes trabajos sinfónicos en A Man Called Horse (70) y en el filme de animación The Lord of the Rings (78), donde fue épico con un poderoso tema principal enfrentado a una sucesión de melodías ténebres. Al contrario que Rosenman, el afroamericano Quincy Jones había tenido una fructífera labor en los sesenta, que redujo durante la nueva década. Volvió al jazz y al blues en They Call Me Mr Tibbs! (70), filme en la estela de la celebrada In the Heat of the Night (67) con el mismo personaje como protagonista y similar tratamiento musical, y exploró la música de la América profunda en The Getaway (72), de Sam Peckinpah.

Fueron buenos años para Dave Grusin, quien en Tell Them Willie Boy is Here (69), inició una larga colaboración con el director Sydney Pollack, extendida en esta década en tres títulos importantes en su filmografía: en primer lugar, The Three Days of the Condor (75), partitura rítmica que desarrolló entre el pop típico de inicios de los setenta con jazz cálido. La misma línea estilística fue aplicada en The Yakuza (75), con instrumentación étnica nipona, y otra prueba de su habilidad en el manejo de los ritmos imperantes fue Bobby Deerfield (77), con un tema principal versionado de diversas formas. Al margen de Pollack colaboró en Heaven Can Wait (78), con un animado tema sustentado en el manejo del saxo soprano, que tocaba el protagonista, y en The Champ (79), partitura melodramática.

Los setenta tampoco dieron motivos de queja a Lalo Schifrin. El compositor argentino aprovechó su conocimiento de la música estadounidense para aplicarla en filmes policíacos de la importancia de Dirty Harry (71) y la secuela Magnum Force (73), ambas con Clint Eastwood en el papel de un policía poco ortodoxo y las dos con creaciones dinámicas y un mismo tema principal poderoso y contundente. Su versatilidad, pero especialmente su sentido del ritmo, se evidenciaron en la película de artes marciales Enter the Dragon (73), con Bruce Lee de protagonista, con una banda sonora dinámica y ecléctica, o también en The Eagle Has Landed (76), donde escribió otra de sus creaciones intensas y contundentes. En un sentido distinto, pero con intensidad similar, fue su opresiva partitura para el filme The Amityville Horror (79). La de Voyage of the Damned (76) de cuidado dramatismo y la elegancia.

David Shire fue un compositor importante en la década, pero sufriría decadencia profesional, que no artística, a partir de los ochenta. Empezó trabajando como arreglista en espectáculos musicales de Broadway y en la televisión. Se trasladó a Los Ángeles para inciar su carrera en el cine, donde encontró repercusión gracias a The Conversation (74), de Francis Ford Coppola, director que más tarde sería su cuñado al casarse con su hermana, Talia Coppola (llamada desde entonces Talia Shire). Luego hizo el exitoso filme The Taking of Pelham One Two Three (74), en el que escribió una innovadora partitura que entremezclaba la música sinfónica con el pop, el jazz y el funky de los setenta, con lo que contrastaba el sentido dado a la acción con el ambiente urbano. Rindió también sentido homenaje al género del cine negro en Farewell, My Lovely (75), con una evocadora partitura. Tras The Hindenburg (75) y Norma Rae (79) se dedicó más a la televisión. La búsqueda de una buena ocasión es la que persiguió, desde principios de los setenta, Bill Conti, pero el éxito no le llegó hasta que Sylvester Stallone se enfundó los guantes de boxeo y protagonizó Rocky (76). Hasta ese momento solo había podido trabajar en un par de películas de Paul Mazursky, siendo Harry and Tonto (74) la más importante. Tras Rocky, todo cambió para él:

Antes de Rocky era un compositor italoamericano con hambre. Gracias a Rocky, fui un compositor italoamericano con casa, piscina, Ferrari y mucho dinero

La banda sonora se hizo muy popular gracias a la canción Gonna Fly Now, que realmente era el único momento destacado de toda la partitura. Tuvo un impacto similar al conseguido por el afroamericano Isaac Hayes con su música para Shaft (71), que se había sustentado en ritmos funky, jazz y pop setentero, con una provocativa canción principal y una sucesión de melodías cálidas y dinámicas, que sirvieron tanto para la ambientación urbana como para reforzar lo sensual en los personajes. Pero Hayes no aprovechó ese empuje y Bill Conti sí: continuó colaborando con Mazursky en Next Stop, Greenwich Village (76) y en An Unmarried Woman (78) con las que, aunque no repitiera éxito comercial, le permitieron demostrar que no solo era un compositor de música discotequera.

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