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LOS CONVULSOS 60 (VIII): MÚSICOS AIRADOS

14/11/2019 | Por: Conrado Xalabarder
HISTORIA

Capítulo anterior: Los convulsos 60 (VIII): Terror en Hammer y AIP

A finales de los cincuenta y durante parte de los sesenta Gran Bretaña conoció un movimiento cinematográfico llamado Free Cinema, surgido por iniciativa de cineastas como Tony Richardson, Lindsay Anderson o Karel Reisz como respuesta a la agonizante crisis que estaba atravesando la cinematografía del país y como enfrentamiento a la falsa imagen que se daba de la situación social existente. Fueron llamados los jóvenes airados y mostraron, en una serie de documentales y películas de bajo presupuesto, historias hasta entonces no tratadas, con personajes de clases medias y bajas que contrastaban con los filmes clasicistas que obviaban la realidad de una sociedad paralizada a todos los niveles, tanto culturales como políticos. A estos directores se unieron intérpretes (Albert Finney, Tom Courtenay, Richard Harris, Richard Burton, Vanessa Redgrave...), guionistas (John Osborne, Allan Sillitoe) y un pequeño grupo de músicos. Entre todos ellos decidieron dar un giro a las películas británicas. Las más emblemáticos del Free Cinema fueron Look Back in Anger (59) A Taste of Honey (61), The Loneliness of the Long Distance Runner (62), de Tony Richardson; Saturday Night and Sunday Morning (60) y Morgan - A Suitable Case for Treatment (66), ambos de Karel Reisz, y también This Sporting Life (63) e If... (68), de Lindsay Anderson. Estos filmes tuvieron considerable éxito entre el público británico, especialmente el más joven, y permitieron la llegada de otros realizadores y nuevos largometrajes que abordaron temas como el aborto, la homosexualidad, la liberación sexual de la mujer, etc. Así, surgieron otros directores como John Schlesinger, con filmes como A Kind of Loving (62) Darling (65) y, más tarde, Sunday, Bloody Sunday (71) que, como Alfie (66), de Lewis Gilbert, difícilmente hubieran visto la luz de no ser por la estela abierta por aquellos jóvenes airados.

Musicalmente, también hubo un cambio. El cine británico estaba hasta entonces controlado por compositores clásicos y conservadores, pero la llegada de estas películas supuso también una renovación, y de esta forma surgieron nuevos músicos dispuestos a enarbolar la bandera del cambio, sustancialmente con el jazz. Lo cierto es que, aunque el período del Free Cinema fuera relativamente breve, se marcó un punto de inflexión, similar al experimentado la década anterior en Estados Unidos. Como ocurriera en aquella ocasión, aparecerían nuevos nombres que comenzarían empleando el jazz, para posteriormente desarrollar otros estilos. Eso sí, el relevo generacional no supuso un cambio por mucho tiempo: los compositores sustitutos acabaron volviendo a los patrones más clásicos. La suya fue una pequeña revolución, y además breve.

John Addison, que se había iniciado en la década anterior, encontró en su larga asociación con Tony Richardson uno de sus mejores momentos profesionales. Su vinculación al Free Cinema arrancó con Look Back in Anger, a la que seguiría The Entertainer (60) A Taste of Honey y The Loneliness of the Long Distance Runner. En todas hizo uso de temas jazzísticos, que sirvieron para acercarse a un modelo de personajes de la calle. Pasada esa etapa, cambiaría de registro, especialmente con Tom Jones (63), que le consagró a nivel internacional. Después fue llamado para reemplazar a Bernard Herrmann en Torn Curtain (66), de Alfred Hitchcock, con resultados magníficos, y escribiría para Joseph L. Mankiewicz The Honey Pot (67), dotada de un acompañamiento alegre, que constituía un auténtico festival. También John Dankworth se inició en el Free Cinema, en filmes como Saturday Night and Sunday Morning o Morgan - A Suitable Case for Treatment. Sobresaldría en su asociación con Joseph Losey, con The Servant (64) Modesty Blaise (66) o Accident (67), pero, pasada esa etapa, no encontraría cauces donde poder extenderse –salvo, quizás 10 Rillington Place (71)- y se despediría poco después.

Mucha más suerte tendría John Barry, a quien el tiempo le situaría entre los compositores más privilegiados del cine. Comenzó en filmes relacionados indirectamente con ese movimiento, como The L-Shaped Room (63) o The Knack... and How to Get It (65), en la que intercaló jazz y pop. Pero encontraría un auténtico filón en una serie de películas que le darían éxito y fama, abriéndole además las puertas para nuevos proyectos: la saga de James Bond. Tres fueron los principales motivos por los que consiguió popularizar sus trabajos en éstas: en primer lugar, por un tema musical -el de James Bond- que sería el más conocido de esa serie, cuya creación se atribuye a Monty Norman, autor de la partitura de Dr. No (62). En segundo lugar, el apoyo de las canciones que acompañaban los créditos iniciales y finales, inexcusable tradición. Y en tercer lugar, temas pegadizos ejecutados con amplios conjuntos orquestales. De entre los más relevantes en este decenio resaltan Goldfinger (64) y On Her Majesty’s Secret Service (69), dotados de majestuosas partituras y canciones, en el segundo caso interpretada por el mismísimo Louis Armstrong. El compositor ofreció absoluta solvencia y su presencia fue imprescindible en sucesivas entregas. En esta época, abordaría también otro tipo de proyectos en los que se movería con soltura y que reforzarían su prestigio internacional. Uno de ellos fue Born Free (66), con un distinguido tema principal versionado orquestalmente como en forma de canción. Fue una de las primeras ocasiones en donde pudo dar a conocer el que más adelante sería su inconfundible sello: melodías retentivas con tono algo afligido y melancólico. Sería un punto de partida que desarrollaría con eficacia en los años posteriores. También alcanzaría éxito con The Lion in Winter (68), empleando música medieval y cantos gregorianos propios:

En aquellos tiempos, la Iglesia estaba por encima de reyes y reinas en Inglaterra, y estos debían consultar a Roma para tomar cualquier decisión. La influencia de la Iglesia fue un factor dominante en esa época, y la música del filme lo indicaba de forma subliminal (...) Los cantos gregorianos, los textos en latín y la música eclesial era con lo único con que se podía tratar al personaje de Enrique II (CD «The Lion in Winter» (Legacy/Columbia)

Richard Rodney Bennett cierra el grupo de los más singulares compositores británicos vinculados al Free Cinema. Como sus colegas, había empleado el jazz en algunos de sus primeros filmes, como Billy Liar (63) pero evolucionaría hacia una vertiente más melódica, especialmente en el tratamiento intimista de Far from the Madding Crowd (67) Su estilo, nada pretencioso y lleno de elegancia, multiplicaría su prestigio en la década siguiente. Dos compositores más tuvieron mucha importancia en los sesenta, si bien no tuvieron relación con el Free Cinema. Uno fue Ron Goodwin, que escribió grandilocuentes partituras para Operation Crosbow (65) y para Battle of Britain (69), en la que reemplazó la música que había escrito William Walton que había sido parcialmente rechazada. El otro fue Frank Cordell, también destacado en el cine histórico espectacular, como en Khartoum (66) o en Cromwell (70).
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