Esta es una banda sonora que busca y logra convertir los escenarios en terrenos de destrucción, sin tregua ni contemplaciones, funciona como experiencia inmersiva a la vez que tributo a los grandes filmes del género. Con sus aires retro, la amplia variedad de temas rock, heavy y electrónica, marca distancias con las músicas de John Murphy para 28 Days Later... (02) y secuela, del mismo director pero con un enfoque sonoro y musical más radical y experimental. Se lleva al terreno musical las continuas referencias a la muerte y el renacimiento en las varias metáforas mitológicas y religiosas y sobre el equilibrio del individuo y la naturaleza en un retablo postapocalíptico sobre la humanidad que no evoluciona sino que retrocede, y aunque hay cierto desequilibrio entre la música para la muerte y la que se aplica para insuflar vida se trata de una buena ayuda para la película.
