El compositor firma una hermosa creación íntima, melódica, que se sutenta en cálidas y agradables melodías algunas de las cuales se inspiran en la música medieval y otras tienen un delicado cariz dramático. Cuenta con un tema principal versionado también como canción, y se destaca por el empleo del piano, que aporta al filme un elegante tono de evocación. Se trata de una banda sonora dérmica, emocional, que no busca ni pretende entrar lo narrativo y que, aunque resulta menor en la lujosa trayectoria en común de Doyle con Branagh, es muy estimable.
