Manteniendo la línea estética de la música que Hans Zimmer escribiera para el filme de 1991, esta es una banda sonora para el énfasis de la acción y también para dar un tono casi elegíaco a lo dramático. Lo primero es en base a muy sencillos temas que acaban, por repetitivos, perdiendo algo de fuelle. Peor es el caso del tema principal, una bella melodía con violoncelo que por ser repetida de modo incansable a lo largo del filme acaba por resultar algo saturante y monótona, y menguar su eficiencia evocadora, dramática y especialmente narrativa.
