Mucho antes de sus celebradas y premiadas colaboraciones con Maurice Jarre, el director británico David Lean, en su cuarta película como director, utilizó una música preexistente, el Concierto para piano número 2 de Sergei Rachmaninoff, como partitura incidental de la película y, jugando con los diferentes movimientos y motivos de la obra, construir un significado y un guion musical sólido. Parece ser que la elección de este concierto es responsabilidad de Noel Coward, guionista de la película y el autor de la obra teatral en la que está basada (“Still life”). Hay que tener en cuenta que la primera grabación de Rachmaninoff es de 1929, pocos años antes de la película, y que el concierto era bastante popular en aquella época. Esto encaja con la idea de que la música forma parte de la realidad de los personajes y que es una música que agrada a la protagonista/narradora, Laura. De esta manera, esa música que para ella es conocida e importante, desde su punto de vista de narradora de la película, se convierte en la música elegida para contar la historia y expresar sus emociones.
Es prodigiosa la forma en que la música se posiciona en el plano incidental en su mayor parte, pero tiene su justificación en el plano diegético cuando Laura pone el gramófono de su casa y, sonando Rachmaninoff, comenzará a recordar en flashback la relación con su amante, Alec. En un momento brillante, la música suena apasionada y algo estridente al final de la escena de su primer beso con Alec, pero rápidamente se escucha a su anodino marido, Fred, pidiendo a Laura que baje el volumen de la música. Se ha cambiado de escena, ahora en el salón de casa y la música está sonando en el gramófono en diégesis. De alguna manera Fred, ajeno a los pensamientos y sentimientos de Laura, le está pidiendo, no solo moderar el volumen para poder concentrarse en sus pasatiempos, sino que rebaje sus sentimientos y su pasión.
A nivel temático, se presentan tres líneas musicales para los diferentes estados de ánimo y sentimientos de Laura, coincidiendo con cada uno de los tres movimientos del concierto. El primer movimiento, moderato, es utilizado para las partes más turbulentas de la relación, así como en la escena donde Laura miente por primera vez a su marido y a una amiga. Es una música apasionada que abre la película en los créditos iniciales, donde comparte espacio sonoro con el ruido de los trenes pasando por la estación. El silbido y el rugido de la locomotora serán un recurso del diseño de sonido repetido varias ocasiones en la cinta para acentuar la agitación e inestabilidad de Laura.
El segundo movimiento, adagio sostenuto, es la música más romántica de las tres, aunque tiene un punto de tristeza que ahonda en la dificultad de que triunfe la relación de los amantes. Suena en momentos de dudas y soledad de Laura; también en escenas de amor compartido con Alec, pero siempre con ese toque de cierta desdicha. Hay varias escenas donde la entrada de esta música se acompaña de un travelling de acercamiento suave al rostro de Laura (una impresionante Celia Johnson), momentos donde el plano musical y el plano visual de la puesta en escena convergen con naturalidad y exquisitez.
Fragmentos joviales y animados del tercer movimiento, allegro scherzando, son utilizados para los pasajes más puramente alegres de la historia, cuando Laura y Alec viven su relación con libertad y optimismo en la parte central de la película, así como la escena en la que Laura imagina una vida feliz con Alec viajando por el mundo. En la sobrecogedora escena final en la estación, el tren se apropia por última vez del primer plano del espacio sonoro junto a un rompedor plano holandés de Laura. La música del allegro entrará justo después, coincidiendo con el regreso del plano a la horizontalidad y, finalmente, haciendo la transición a la última escena de la película, de nuevo en el salón de casa, donde Rachmaninoff vuelve a sonar en diégesis en el gramófono, conectando con el comienzo del filme y finalizando el recuerdo de Laura. De alguna manera, se rompe con la coherencia musical que tenía cada movimiento hasta el momento, utilizando ahora el motivo más apasionado del concierto, pero con una Laura abatida y rendida ante la realidad.
Es una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine en cuanto al uso de música instrumental preexistente, con sentido narrativo y dramatúrgico de primer nivel.
