En el estrepitoso fracaso comercial de este filme tiene parte de responsabilidad una partitura excesiva y pretenciosa, mal estructurada y planteada, y exhibicionista. Ni esta es una película del estilo de aquellas de la Warner de los años treinta ni el compositor es Erich Wolfgang Korngold, que se podía permitir el rellenar con música casi todos los huecos de sus películas porque su música no servía de mero acompañamiento sino que era utilizada para trascender a los protagonistas a un nivel dramático regio, casi aristocrático, y dotaba al conjunto de los filmes de una gran categoría. Aquí esa es la intención, pero los resultados acaban siendo más bien vulgares. También fracasa en la aproximación a los modos y formas contemporáneas de Hans Zimmer y compañía en títulos de aventuras, entre otras razones porque al menos en estos filmes se prima una construcción que gira en derredor de un poderoso tema principal, muy retentivo, que es el que soporta toda la carga narrativa y dramática. Y aquí, el tema principal es más un esbozo (y es un buen esbozo, por otra parte) que un tema con entidad, y solo es utilizado con fines referenciales. En lo demás, mucha música a lo grande pero con resultados pequeños, que es torpe en su construcción y desarrollo y que, buscando implicar emocionalmente al espectador en las aventuras narradas, acaba sobresaturando el filme, tanto por su falta de sutileza como por tener más ganas de gustar que de funcionar. No basta con saber hacer buena música, hay que saber cómo utilizarla. Y esto no es ni un Korngold ni un Zimmer.

