El compositor adapta piezas preexistentes e incorpora música original que sustenta en ritmos y melodías folclóricas, llevándolas a un terreno introspectivo y emocional. Utiliza instrumentos tradicionales como el txistu y la trikitixa junto con arreglos orquestales, creando una atmósfera envolvente y evocadora. La música se mueve entre momentos de calma meditativa y pasajes de intensidad dramática. Logra transmitir tanto la energía colectiva de la danza como la introspección individual.
Explica Pascal Gaigne:
"Cuando Telmo Esnal me llamó para hacer la música de la película, el montaje ya estaba terminado y venía acompañado de música grabada en directo, sin metrónomo, sin clic y sin playback, basada en música popular y clásica muy tradicional. Sin embargo, el diseño visual apuntaba a algo más moderno, arriesgado y abierto, lo que generaba una tensión clara entre imagen y música, porque lo sonoro se mantenía en un lenguaje más convencional que no encajaba del todo con la propuesta estética.
Lo interesante es que el proceso obligó a replantearlo todo desde cero. Al no haber referencias rítmicas fijas, metrónomos ni sincronía previa, hubo que reconstruir la música a partir de los propios bailarines. En cierto modo, la música debía seguir a los intérpretes, que a su vez habían bailado con otros ritmos y hasta con otros temas. El método consistía en grabar la imagen con música libre, después guardar ese material, componer o arreglar la música a partir de lo visto, y finalmente grabarla de nuevo ya sincronizada con la imagen. Como era imposible hacerlo en grupo, muchas partes se grabaron individualmente, e incluso algunos compases se trabajaron uno a uno, de forma muy fragmentada y poco habitual.
El resultado buscaba parecer completamente natural, como si un grupo de músicos de un pueblo se hubiera reunido para tocar en directo, cuando en realidad todo estaba construido artificialmente. Fue un proceso complejo y casi caótico, en el que trabajé con músicos muy pacientes y experimentados. Nunca conté este método en su momento porque me divertía escuchar cómo la gente percibía la música como algo espontáneo y orgánico, cuando en realidad era todo lo contrario. En el fondo, lo siento como una especie de homenaje personal a la música vasca, casi como un “primer disco” en muchos años dentro de ese ámbito."
