El compositor aplica una hermosa creación que desarrolla en dos viajes paralelos y conectados: en primer lugar, un viaje musical interior, para fortalecer el crecimiento personal de la niña, con música íntima y sentimental; en segundo lugar, otro exterior, que marca el camino hacia su destino, donde se destaca el tema principal, que arranca con el cortometraje en un estadio primario y que progresa hasta llegar una eclosión esplendorosa. Este viaje hacia arriba, de elevación que también no es solo emocional sino de afirmación, resulta algo desequilibrado por algunos excesos musicales antes de tiempo, innecesariamente enfáticos. Pero pese a ello la ruta hacia el destino final se mantiene firme y clara.
