Hans Zimmer irrumpe en la serie ampliando, redimensionando y profundizando en lo que hizo Labrinth en las dos anteriores temoradas. Mantiene muchas de sus líneas estéticas pero la arquitectura sonora y temática es más orquestal y expansiva, con momentos muy imponentes. La espiritualidad electrónica de Labrinth pasa por el filtro de Zimmer en una serie de temas de gran emotividad, a gran escala, que abarca desde músicas crudas y terrenales a otras que son líricas y sublimadoras, entre ellas un bello vals.
