François Truffaut pidió al compositor que intentase aproximarse estilísticamente a una música propia del siglo XXI. El compositor entendió que la crudeza de la historia no debía ser remarcada con la partitura, cuyo cometido sería más eficiente si servía para edulcorarla y retratar el mundo ideal soñado por la protagonista, enfrentada a la intolerancia del sistema político, pero también referencia a la intolerancia con temas más agresivos. Ambas perspectivas son plasmadas en la banda sonora con arpas, cuera, percusión y con un tema principal de matiz marcadamente impresionista. Se acompaña de The Twilight Zone: Walking Distance (59).
