Siendo este un videojuego de orígenes que se centra en la adolescencia de Kratos antes de convertirse en dios de la guerra, McCreary se aleja por completo de lo hecho en la saga nórdica tanto a nivel temático como estilístico. El estilo artístico del videojuego -tipo metroidvania- permite a McCreary explorar una nueva paleta de colores musicales en la saga, jugando con tres tonalidades diferentes: la música retro, la folclórica griega y la legendaria. Las dos primeras se utilizan especialemente para la recreación ambiental de los escenarios y para crear diferentes impresiones en el jugador en cada uno de ellos. En unos casos, cada estilo sonando por por separado; y en otros, superponiéndose, creando unas sonoridades interesantes en las que se llega a fusionar la música electrónica o de bits con la instrumentación tradicional griega y las voces (lo moderno y lo antiguo). La música legendaria, por otro lado, es muy vigorosa y está hecha con orquesta y coro, con un tono mucho más acorde al de la trilogía original y al que el compositor suma un sentido crepuscular y nostálgico, como si toda la historia estuviera contada en retrospectiva y no como una precuela al uso. En algunos de los momentos más notables todos los estilos musicales se fusionan.
En cuanto a la parte narrativa de la música, siendo una entrega con una historia sencilla, breve y lineal sobre el deber, el honor y la fraternidad, McCreary solo se apoya en un único tema central para los dos hermanos (Kratos y Deimos) que es muy melódico y que evoluciona y los une a lo largo de la aventura. Sin llegar al nivel de lo hecho en la saga nórdica es una novedosa y muy estimable aportación del compositor a la saga del legendario dios griego.
