Emulando las músicas de las películas del género slasher, el compositor aplica una partitura de aire añejo, retro, que busca recrear un ambiente turbio, moderadamente siniestro, y lo contrasta y fusiona con una parte dramática contenidamente frágil, también desoladora. Todo ello, estructurado en derredor de un leit-motif referencial que desarrolla en forma de tema y que le sirve para fisicalizar de alguna manera el peligro al que los jóvenes se ven sometidos. La música, aunque seria, no está exenta de cierto sentido de humor, se posiciona cómodamente en retaguardia o agresivamente y tiene un destacado giro final en una variación psicodélica del tema principal (con arreglos de Oscar Araujo).
