El compositor mantiene la línea estilística y dramática de las dos anteriores temporadas con música de gran elegancia y refinamiento, que aquí evoca en algunos momentos -y es lo mejor- a Richard Robbins. Mantiene la capacidad para intensificar la tensión emocional y política, reitera la instrumentación minimalista y sofisticada para la complejidad de los personajes y tramas, y en su conjunto es la mejor de las tres temporadas.
