La compositora potencia la intensidad emocional y estética de la película con una música radical que enfatiza una idea de caos y desconcierto. La orquesta tradicional y las texturas experimentales generan un tono oscuro, romántico y moderadamente desolador, que coexiste con temas diegéticos preexistentes interpretados por Jake Gyllenhaal, Vince Giordano & The Nighthawks y Jessie Buckley, creando un híbrido que refleja la dualidad de la historia: el drama clásico de la narrativa y la energía moderna y subversiva de sus personajes. Esa aportación viva, impredecible y evocadora es desafiante pero no acaba de resultar ni hipnótica ni fascinante, algo que era del todo necesario para levantar y elevar la película, lo que la compositora solo logra en momentos puntuales, especialmente con su tema principal, de amor desolado.
