La banda sonora del compositor se integra con precisión en la factura estética y dramática de la serie, articulándose en dos capas musicales que reflejan la estructura social del relato: una vertiente folclórica y orgánica gallega, ligada a la tierra y a la clase pobre, y otra de tono clásico y refinado, asociada a la aristocracia y a los Valdés. Esta dualidad sonora acompaña la atmósfera húmeda y señorial de Galicia, reforzando la tensión entre señores y criados. Las cuerdas contenidas y el piano íntimo sostienen la mezcla de resignación y fuerza de las protagonistas, mientras que los motivos tradicionales aportan autenticidad al mundo conservero. La música crece con el ritmo in crescendo de la serie, intensificándose a medida que los secretos familiares emergen. En los momentos más dramáticos, se expande sin caer en el exceso. En conjunto, la banda sonora destaca por su sensibilidad narrativa, su coherencia estética y su capacidad para sostener el peso coral del drama. Tiene momentos de gran belleza.
