La compositora firma una creación dramática comprometida con el relato, con la protagonista y con el mensaje que el filme pretende transmitir. Hay un destacado tema principal que, en forma completa o de motivo, se posiciona desde la perspectiva de la protagonista y ayuda, así, a que la audiencia vea los hechos desde su punto de vista, y se sienta partícipe de los acontecimientos según se suceden, de su desconcierto, sus miedos y su determinación, a lo que ayudan los breves insertos de música para el poder, de los militares, que funcionan por contraste y realzan el sentido del tema principal. Con música enraizada con el lugar, orgánica, la compositora la lleva a un estadio más universal, especialmente en toda la gran escena de la matanza, cuando alcanza su cénit dramático. Allí no hay explicación musical de lo que acontece (imposible sin resultar impostado), y tampoco hay posicionamiento compasivo para las víctimas sino una declaración de principios que expresa de modo sereno que cada bala que se dispara lo es contra toda la Humanidad.
