El compositor firma una banda sonora dramática que fusiona orquesta, electrónica e instrumentos indígenas para recrear tanto el entorno hostil y de peligro como para el énfasis de la aventura y la fascinación por los lugares que recorren los personajes. Hay una constante sensación de incerteza, y a un nivel moderado también miedo, que impregna a los protagonistas en base a músicas líricas pero también inquietantes, a ratos temblorosas, con las que se muestran las diferentes emociones simultáneas que se experimentan y que conforman los dos grandes viajes: el físico y geográfico pero singularmente el psicológico y emocional, que es turbador y complejo.
