El compositor firma una elegante y emotiva creación, evocadora y estilizada, en la que destaca el clarinete como voz solista del personaje, un conjunto de cuerdas reducido y sutiles toques electrónicos, aportando una atmósfera introspectiva que refleja el mundo interior de Valjean. La presencia de percusión ligera y acordes más cálidos de mandolina o arpa refuerza la tensión dramática equlibrando lo épico y lo íntimo y poniendo énfasis en la transformación del protagonista a través de una música que suena al mismo tiempo clásica y contemporánea. Expone las luces y oscuridades del personaje con exquisitez.
