En esta película que mezcla fantasía, humor y misterio, donde los diálogos son fundamentales para marcar el laberinto emocional imprevisible, la música participa activamente tanto de forma diegética -con canciones y coros al modo tragedia griega- como extradiegéticamente. La música aporta matices a los diversos colores y contrastes, con apariencia de comedia tonta pero en la que subyace un tono oscuro que evidencia el rostro oculto de los personajes y que mantiene muy bien el pulso a lo largo de la película.
