Los tiempos en la música para el audiovisual hace mucho que han cambiado y, aunque se han aportado cosas muy estimables e interesantes, en otros aspectos se ha ido a peor no por malo sino básicamente por insignificante: es exactamente lo que sucede con esta lujosa y vistosa serie televisiva que podría y debería haber tenido una lujosa y vistosa música pero no la tiene. Lejos, lejísimos de las aportaciones que en el pasado y para filmes de temática samurái hicieron compositores como John Scott, Maurice Jarre, Jerry Goldsmith o Hans Zimmer, esta es una creación grisácea y anodina, que poco explica y menos eleva. Obviamente tiene aspectos interesantes, especialmente las integraciones musicales niponas y algún tema como el principal, pero en su conjunto se sustenta en texturas y ambientes sonoros que bien podrían haber servido en otros contextos. Nada menos que han hecho falta tres compositores para rellenar de mucho vacío la serie televisiva.
