Martin Scorsese optó por emplear música preexistente para crear la atmósfera tensa y psicológica de la película. Destacan obras de Max Richter, como On the Nature of Daylight, que aporta momentos profundamente emotivos, y de Krzysztof Penderecki y György Ligeti, cuyas texturas sonoras crean inquietud y desasosiego. La música funciona más como un refuerzo emocional que enfatiza la confusión y el misterio que rodea al protagonista. Las piezas minimalistas y experimentales de Ingram Marshall y otros se integran en escenas clave, amplificando la tensión y el drama psicológico.
