La compositora firma una competente creación sinfónica para esta comedia familar que, como lo es la película, es ligera, blanca y muy sencilla. Mantiene esa línea a lo largo de toda la trama, ayudando tanto a la recreación de los espacios temporales (el actual y el medieval) como a marcar los puntos de humor, enfatizar la aventura y aportar tonos sentimentales. Todo ello sin salirse de lo esperable, siendo una aportación simpática y sin pretensiones, excesivamente conservadora, sin riesgo ni innovación alguno, ni tema musical que sea singularmente destacable por su entidad y personalidad. Se limita a facilitar la experiencia inmersiva, lo que no es poco, y aunque es una ayuda al resto del filme no lo eleva como en tantas otras comedias familiares la música sí ha logrado hacerlo.
