Es una obviedad que el compositor está al servicio de la película, pero de vez en cuando hay casos evidentes en los que es la película la que parece que está al (completo) servicio del compositor. Esta banda sonora es un Donaggio puro Donaggio, con esa capacidad tan suya de aunar misterio y melancolía en temas que mezclan inquietud y tristeza, envolviendo la atmósfera turbia del film con un delicioso aire añejo que potencia su encanto. Donaggio recupera aquí el aura herrmanniana de sus trabajos para De Palma y articula la partitura alrededor de un tema principal memorable, sentimental y doliente, que actúa como columna vertebral emocional del conjunto. La película, exagerada, caótica y dispersa, parece construida para que el compositor despliegue sin freno su imaginario: Donaggio resucita a Herrmann, recupera la música del giallo, ensalza el filme con una mezcla exuberante de estilos que va de la psicodelia sesentera al thriller melódico y alterna momentos de gran sensibilidad con otros más erráticos, pero siempre mantiene una identidad poderosa que guía al filme incluso cuando la narración se desmorona. La música, enfática, exagerada, en la mayor parte de los momentos a un volumen muy alto, se convierte en el verdadero eje expresivo y estético del filme, un ejercicio de estilo que demuestra que Donaggio sigue siendo capaz de elevar incluso el disparate más extremo con una escritura llena de oficio, personalidad y magnetismo.
