La compositora aplica una hermosa creación sinfónica que desarrolla en los mares del amor y del dolor en una dualidad equilibrada y contenida, aunque sutilmente impone más una perspectiva afectuosa que dolorosa. En el breve espacio de los quince minutos que dura el cortometraje desarrolla una partitura muy elegante, contenida, sin recursos melodramáticos ni edulcorados y que siendo intimista alcanza gran expresividad emocional.
