La idea de dar forma de musical a la antigua, rancio y edulcorado, a una historia postapocalíptica, oscura y sobre todo muy lenta y larga podría ser una opción de riesgo afortunada si las canciones elevaran el filme a un nivel de trascendencia, como por ejemplo sucedió con la abstracción alcanzada con las canciones en Dancer in the Dark (00). No es en absoluto el caso, pues a pesar de las intervenciones vocales de Tilda Swinton, Michael Shannon, George MacKay o Moses Ingram el resultado es anodino y plúmbeo, que en lugar de dinamizar ralentiza, y en vez de sumar no resta pero tampoco aporta.
