La música es uno de los elementos más distintivos de este clásico del terror pseudo-documental. La partitura combina música original con canciones folk que refuerzan el ambiente rural del sur de Estados Unidos, creando un contraste inquietante entre lo cotidiano y lo sobrenatural. El compositor utiliza cuerdas tensas, metales discretos y efectos sonoros para subrayar la presencia amenazante de la criatura, mientras que otros temas aportan una dimensión casi legendaria al relato.
