Banda sonora ambiental y dramática variada en temas con protagonismo del acordeón a menudo multitrackeado para sugerir una textura más rica, tocado por Frode Andersen, que evoca tanto la nostalgia folclórica como la melancolía introspectiva, reflejando el tono meditativo y contemplativo del filme. Refleja la fragilidad, el paso del tiempo y la memoria con un tono evocador tan arqueológico como poético.
