En su primer filme estadounidense el compositor firma una creación dramática minimalista y austera, muy intimista y contenida, que mantiene ese tono a lo largo de todo el filme sin llevar en ningún momento la música al terreno melódico y lírico tan característico en él. El piano es el instrumento protagonista y la paleta de colores dramatúrgicos es reducida, resultando en su conjunto una banda sonora en clave menor que, como sucede con el conjunto de la película, acaba siendo algo monótona, reiterativa y aburrida, sin llegar a alcanzar sus objetivos.
