El compositor quiso evocar el inhóspito y enigmático ambiente de las profundidades terrestres, para lo que creó una partitura sin instrumentos de cuerda (solo viento y percusiones, tocados en sus registros bajos) e incorporó también cinco órganos (uno de ellos de catedral), para dar al filme un sentido solemne cercano a lo religioso. La falta total de referentes le posibilitó el poder «inventar» la música que quiso para la descripción sonora de los distintos y tan extraños seres que se encontraban los protagonistas en su descenso, lo que facilitó que la propia película se magnetizara con una banda sonora que provocaba en el espectador fascinación y terror al mismo tiempo.

