Esta es una historia bella y emotiva explicada con unas formas muy calculadas, elegantes pero también rígidas y académicas que convierten al filme en algo frío y aséptico. La música forma parte de estas formas pre-diseñadas, poco orgánicas y naturales, puestas para gustar. Los compositores aplican una creación que une pasado con presente y Corea con Estados Unidos, con instrumentos reales y sintetizadores, variada en temas que son sentimentales y románticos pero que se circunscriben a sus secuencias sin llegar a formar un arco dramático ni desarrollo. Tiene, eso sí, momentos hermosos, especialmente en su final.
