Al poco de arrancar su carrera Bill Conti alcanzó el éxito con Rocky (76), que prolongó también exitosamente con sus secuelas y que amplió con The Karate Kid (84) y sus continuaciones, triunfos que lo elevaron a lo más alto, ganando el Oscar por The Right Stuff (83) y firmando un buen puñado de bandas sonoras memorables, aunque con músicas mucho más conocidas y apreciadas por los aficionados que por el público en general. Algunas de ellas -y están entre sus mejores- no son tan vistosas y enfáticas pero son preciosas y sirvieron con excelencia a los propósitos de las películas. Dos de mis favoritas coinciden con dos de las favoritas del propio Conti: An Unmarried Woman (78) -de la que estos días he hecho un vídeo donde explico, muestro y demuestro la grandeza que hay en su sencillez- y Gloria (80), de la que en breve también haré video, pues como he insistido tantas veces no hay mejor manera de explicar, mostrar y demostrar lo mucho que hace la música por el cine que in situ, con la propia película. De Rocky, por cierto, también hice vídeo hace unos años, que encontraréis en su ficha.
Traigo a colación a Conti porque hoy se estrena Karate Kid: Legends (25) película que, en la parte que corresponde al legado de Conti y no al universo de Cobra Kai, hace que se eche mucho más de menos a un compositor que es en este terreno inalcanzable e inimitable. Como tantos otros de su generación, son compositores viejos (83 años tiene ya Conti) pero con músicas absolutamente frescas, vitales, jóvenes. Este es el legado que han estado dejando y este es el legado que en el cine de hoy más se añora.
Naturalmente hay relevo generacional y yo soy optimista. También hay que saber adaptarse a los nuevos tiempos y las nuevas formas e ideas de abordar musicalmente las películas. Pero cuando se evocan títulos clásicos del pasado, como es el caso de Karate Kid, entonces la comparación y la añoranza van de la mano y la proclama es evidente: Bill Conti es insuperable. Lleva años retirado del cine aunque parece que con dos proyectos en marcha. Ojalá cristalicen porque pocas cosas serían tan gratas como volver a escucharle y verle en pantalla grande.