Un compositor de cine, como el empleado de una funeraria, no puede resucitar a un muerto, pero puede hacerlo más presentable. O ni eso. La maravillosa cita de Adolph Deutsch con su derivada que he añadido yo es aplicable al séptimo filme de Alexandre Desplat con Wes Anderson, The Phoenician Scheme (25), que se estrena hoy y que como otras películas del director está destinada a provocar reacciones a favor y en contra. A mí se me ha hecho insoportable -solo es una apreciación personal-, pero también por haber visto (no solo escuchado) a un Desplat fláccido, desnortado y desganado, con una aportación que, como he señalado en mi reseña, acaba por resultar una creación apática, que arranca divertida e interesante pero que se va difuminando hasta desaparecer no solo en la invisibilidad sino especialmente en la irrelevancia. Lo lamento porque Desplat ha llegado a aportar al cine de Wes Anderson una espléndida intergración de la música en los colores visuales y los delirios argumentales, hasta el punto de hacerse difícil imaginar un Anderson sin Desplat. Esta colaboración no tiene nada que ver con la de The Grand Budapest Hotel (04), el primer Oscar del director. Aquello sí era elevarlo todo a los máximos.
Desplat trabaja también habitualmente con Roman Polanski, un binomo ya sólido que ha dado fruto en trabajos muy interesantes. Con Anderson Desplat es emocional, su cine representa un punto de fuga, un gran divertimento y una oportunidad para dar rienda suelta a su libertad compositiva, mientras que con Polanski es más intelectual. Hace unos años, cuando entrevisté telefónicamente a Desplat para Fotogramas, me comentó que mientras Polanski lo tiene casi todo pensado y calculado, y él solo debe traspasarlo a música, Anderson le delega muchas decisiones. No es la primera vez que sucede en los grandes binomios entre directores y compositores.
Roman Polanski es uno de los directores que más y mejor uso han sabido hacer de la música en la Historia del Cine. De momento le he dedicado cuatro vídeos donde explico, muestro y demuestro la inteligencia de sus decisiones dramatúrgicas y narrativas con la música: Rosemary's Baby (68), Chinatown (74), Tess (79) y The Ghost Writer (10). En las fichas están incluidos los vídeos, el de Tess lo he publicado esta semana y tras su estudio he subido a 10 la nota en MundoBSO y el de The Ghost Writer es el único que he hecho de su colaboración con Desplat, pero habrán de venir más porque es mandatorio resignificar el cine de Polanski explicando, mostrando y demostrando su cine de modo más completo.
Tengo la sensación de que el binomio Desplat/Anderson está perdiendo fuelle en sus últimos filmes, pero es demasiado pronto para saberlo y será necesario ver qué nos deparan los proyectos futuros. Por el contrario, el que mantiene con Polanski parece incombustible.