En lo personal, tengo el máximo respeto por Alejandro Amenábar, sintonizo plenamente con muchas de sus posiciones y me parece -aunque lamentablemente no lo conozco en persona- un hombre con el que podría conversar largas horas no solo de cine en general sino de música de cine en particular, pues como sucede con Bayona se ha significado siempre como amante de la música en el cine. Pero precisamente por eso no comprendo cómo sus últimas bandas sonoras me parecen tan torpes, como lo es El cautivo (25), que se estrena hoy. No entro a valorar el conjunto de la película en sí, no es mi cometido, solo la música y su empleo. De aquél Amenábar/compositor inicial interesante en Tesis (96), inteligente en Los otros (01) y tan emotivo en Mar adentro (04) -Premio MundoBSO a la Mejor BSO española del año- ya no queda apenas rastro. ¿Fue Ágora (09) -también Premio MundoBSO a la mejor BSO española del año- excelsa solo por Dario Marianelli?. Es imposible pensarlo: ningún director deja hacer sin proponer qué hacer, y mucho menos Amenábar. ¿Por qué allí la protagonista fue musicalmente tan importante y en El cautivo, que se estrena hoy, el protagonista es musicalmente tan poco relevante?.
Me parece significativo que los principales elogios que se vienen leyendo sobre su música sea lo bonita que es -que lo es- en escenas como las de las calles en Argel, tan vistosas y coloridas, o en los cantos folclóricos, que siempre quedan muy en primer plano, a la vista, dispuestos para ser escuchados y deleitar a la audiencia. Pero teniendo a un personaje del calado de Miguel de Cervantes, que sea eso lo señalado me resulta triste. Sí, podría ser, como tantas veces, que la forma no deje relucir el fondo y más si este es complejo, pero tristemente no hay ninguna complejidad ni fondo que apreciar en la música de Amenábar, como sí la hubo en Ágora.
No son pocos los directores que no tienen ni remota idea de música de cine sabiendo sin embargo mucho de cine: José Luis Garci es un buen ejemplo, que nada ha aprendido de todo el cine visto. Tampoco son pocos los directores que, aunque no se han significado por su conocimiento sobre el uso de la música, la han empleado casi siempre bien, aunque sea con impulsos intuitivos o emocionales, como Almodóvar. Los hay que simplemente ni saben de cine ni de música de cine, pero logran hacer cine no se sabe muy bien por qué ni para qué. No nombraré a nadie pero no son pocos a los que se podría nombrar. Pero Amenábar, como Bayona, lleva el cine en sus venas y por ellas circulan también incontables bandas sonoras. Bayona siempre hace su cine con la música, con resultados que son más interesantes o menos interesantes, pero que en todo caso muestran una plena integración de la música en la dramaturgia y narración. No es lo que sucede con Amenábar y para mi, viniendo de un hombre tan inteligente, me resulta un misterio. Sin pretender desdeñar la aportación de sus colaboradores más cercanos, en absoluto, creo que sería bueno para Amenábar replantearse devolver la música de su cine a compositores que sean cineastas. Lo necesita por la propia supervivencia de su cine en lo artístico, más allá de lo comercial.