Star Wars Ep. IV: A New Hope, In Concert
ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS
SCOTT TERRELL (dir.)
Auditori Fòrum CCIB de Barcelona, 22 de diciembre de 2025
El fin de semana antes de Navidad del finiquitado 2025, del 19 al 23 de diciembre, el Palau de la Música Catalana y la Orquestra Simfònica del Vallès unieron fuerzas para promover un ciclo de conciertos de gran formato en el Auditori Fòrum CCIB, donde hubo dos grandes conciertos de cine con proyección de película con la interpretación de su banda sonora en directo. El primero, los días 20 y 21, tuvo como propuesta el fenómeno de la animación como es How To Train Your Dragon, y para el segundo, del 22 al 23 de diciembre, fue turno de un clásico entre clásicos: Star Wars, Episode IV: A New Hope (1977), o lo que es lo mismo, la genuina La Guerra de las Galaxias, con una de las bandas sonoras más famosas y maravillosas de la historia del cine, obra del ya inmortal John Williams.
Creo que no exagero al decir que la música de John Williams es la música de una generación (o de varias, de hecho), y aún así, la música para Star Wars se ha convertido en su buque insignia para una infinidad de gente. Porque sí, Darth Vader, Luke Skywalker, el Halcón Milenario, la Alianza Rebelde, el Imperio, la Fuerza, los Sables Laser… todo el mundo sabe que todo son referencias al universo de George Lucas y ya son cultura popular, pero aún así, el tema principal, así como el tema de la Fuerza, la música de la Sala del Trono al final del Episodio IV, o la Marcha Imperial, han trascendido más allá de la propia saga a la que van asociadas. Porque John Williams siempre fue un maestro de la narrativa musical, pero también lo fue en crear melodías memorables y en usar los colores sinfónicos de una orquesta de forma grandiosa, con Wagner y Korngold como claras influencias.
De todo esto son muy conscientes los organizadores del evento, pues aunque la película tiene ya casi 50 años, su vigencia audiovisual sigue intacta, como demostró el gran ambiente familiar que hubo en el Auditori Fòrum CIB con un público de absolutamente todas las edades, dispuestos a dejarse llevar por los designios de la Fuerza, y por supuesto por la partitura de John Williams. Todo ello gracias al gran nivel interpretativo que tuvo la Orquestra Simfònica del Vallès en todo momento, con la casi omnipresente sección de cuerdas a un gran nivel tanto lírico como romántico como épico, así como sabiendo enaltecer desde un segundo plano a unos grandes vientos y metales cuando la situación lo requería. Y es que la música de John Williams para Star Wars, ganadora del Oscar, es una clara heredera de las sonoridades de Holst, Stravinsky, Mendelssohn, Mozart, así como del ya citado Erich Wolfgang Korngold, gracias (o por culpa de) George Lucas y su montaje primigenio del filme a la Kubrick con 2001: A Space Odyssey (1968) con el uso de música clásica como banda sonora, con lo que la riqueza sonora de Star Wars no tuvo parangón en el mundo del cine de la época, y menos aún en el terreno del cine de entretenimiento y la ciencia ficción. Y aunque los más veteranos sabemos que la Simfònica del Vallès ya tiene experiencia en interpretar justamente Star Wars íntegra en directo, pues ya lo hicieron en 2018 en el Palau Sant Jordi de Barcelona, no quita que ésta sea una tarea ardua y exigente, ya no sólo a nivel audiovisual y narrativo, sino a nivel musical. Y el resultado fue, a todas luces, excelente.
Y así como hemos remarcado el buen hacer de la orquesta, no podemos dejar de nombrar al artífice de mover toda la maquinaria del universo sonoro de John Williams. Y es que Scott Terrell, quien también dirigió los conciertos de How To Train Your Dragon, estuvo realmente en estado de gracia durante las dos horas en las que apenas hay respiro musical. Película, por cierto, de la que se proyectó la versión extendida, con las escenas adicionales que se añadieron a partir de 1997 (como el diálogo inédito entre Han Solo i Jabba) en su versión original con subtítulos simultáneos en catalán y castellano, y en la que de nuevo, como ya sucedió en 2018, no se interpretó en directo la música de la cantina de Mos Eisley, dejando la versión del filme. Puede entenderse el por qué, ya que es música diegética y no forma parte del discurso formal de la banda sonora, pero no podemos evitar pensar en lo genial que habría sido ver y escuchar a la orquesta en el escenario tocando tan icónicas y jazzísticas piezas.
Para acabar, sólo resaltar lo bonito que fue presenciar cómo el público, como decíamos al principio de este texto, no es sólo fan de Star Wars sino de John Williams. Y es que durante la suite de los créditos finales, la emotiva y totalmente espontánea ovación del público cuando el nombre de John Williams apareció en pantalla fue impresionante. Tanto que Scott Terrell, viendo esto, animó además al público a levantarse y a vitorear y aplaudir con el crescendo final de la suite antes de que ésta terminara, logrando un momento fan muy emotivo y que se vivió tanto desde la platea como desde el escenario. Euforia final que se vio recompensada con una larga y merecida ovación del público tanto a la labor de Scott Terrell como de los músicos de la Simfònica del Vallès, que supieron en todo momento cómo debe sonar Star Wars. Y eso es importante, porque el público también sabe cómo debe sonar Star Wars, y si esa gente te ovaciona, sabes que la Fuerza te ha acompañado.

