Como en la práctica totalidad de los filmes del compositor con Truffaut, la música es la segunda voz en off del director, la voz del narrador, la de quien comenta al espectador lo que sienten y experimentan los personajes, según se van sucediendo los acontecimientos. No es música interna, sino externa a ellos, y toma la forma de una bellísima creación que gira en derredor de un tema de amor delicado pero con ribetes dramáticos, casi trágicos, que se inserta en diversas secuencias del filme para matizarlas, para puntualizarlas, incluso para contradecirlas, avanzando lo que los personajes aún no conocen... y todo ello, incluso lo más doloroso, con un refinamiento, clase y elegancia superlativa.
Como curiosidad, el compositor tiene una aparición en un pequeño papel, haciendo de notario.
