Título puntal en la colaboración entre el director y el compositor, y el que tuvo una partitura más extensa, casi sesenta minutos. Gira en derredor de un vals con sucesivas variaciones, presentado en los créditos de forma muy animada, en la secuencia de la playa muy suave y en la despedida de la estación adquiere una tonalidad muy lángida y melancólica. Otros temas redondean esta obra y confieren a la película de un carácter bello y delicado. Se acompaña de la banda sonora de La cloche Thibétaine (74).
