Partitura que fue rechazada y reemplazada por otra de John Barry, más emotiva pero también más sencilla y melodramática, así como menos elaborada. El compositor seguramente fue demasiado sofisticado para un filme simple como este, pero ello no obsta para considerar la suya una de sus mejores creaciones del período. La tristeza de su música se fusiona con momentos de muy elegante exaltación, todo ello con gran prestancia. Se incluye, junto con otras bandas sonoras, en el recopilatorio Elmer Bernstein: the Unused Scores (08).
