Apenas un par de años después del arrollador éxito de Rosemary's Baby (68), en el que una voz femenina y una canción de cuna eran el principal motivo melódico para la recreación de un estado de terror contenido, el compositor recurre a la misma fórmula, con una tierna y delicada melodía apoyada por voz femenina y coros, sobre la que ejecuta algunas variaciones más ténebres y otras a ritmo pop, ambientales.
