Esta es una creación intimista y sobria, que en el filme queda dispersa por la inserción —no siempre justificada— de arreglos de temas preexistentes para dar un tono más colorido y ligero, como por ejemplo soul y góspel, piezas de Berlioz o Debussy o el tema de amor de Spartacus (60). La compositora emplea el piano como instrumento principal, que refuerza el tono emotivo y reflexivo, mezclando elementos clásicos con contemporáneos y texturas ambientales, integrando grabaciones captadas en el espacio físico de la casa donde transcurre gran parte de la historia para imprimir intimidad y sentido de lugar en el score. Contribuye a subrayar tanto los momentos más sensibles como los de tensión y recuerdo, acompañando la exploración de la memoria, la culpa y las relaciones familiares.
