Las ediciones de bandas sonoras solo exponen las virtudes o carencias musicales, pero las cinematográficas se exponen solo en la película, el lugar para el que han sido creadas y donde se evidencian las virtudes o carencias en su aplicación.
Hubo un tiempo en que Brian Tyler era una promesa de futuro, pero eligió vender su alma al diablo de la industria de Hollywood, abandonar la música y convertirse en maestro de la piroctecnia.
Las apariencias, en la música de cine, también engañan. Algunos compositores recurren a ellas sin necesidad, otros por necesidad, pero si apariencia y realidad son diferentes se crea una suerte de burbuja que cuanto más se infle más daño puede hacer.