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FIMUCITÉ 12: ENCUENTROS EN LA FASE SUBLIME

29/09/2018 | Por: Conrado Xalabarder
CRONICAS

Crónica de Sara Villegas.

  • Proyección+Concierto Close Encounters of the Third Kind

Ayer tuvo lugar en el Auditorio de Tenerife el primer concierto Live to Picture sinfónico en Canarias, dentro del marco de la duodécima edición de FIMUCITÉ. Se trató de la proyección de Close Encounters of the Third Kind (77) mientras se interpretó íntegramente en directo la partitura del maestro John Williams, bajo la dirección del compositor y director de orquesta Diego Navarro, con la participación de la Orquesta de Tenerife, el Tenerife Film Choir y el Coro Polifónico de la Universidad de la Laguna con el maestro Juan Ramón Vinagre al frente de los mismos. Fue copresentado por Ana Molowny y el periodista Premio Planeta 2017 Javier Sierra, experto en ufología, quien tras unas breves palabras sobre la relación de Canarias con el fenómeno OVNI y la típica frase de que no estamos solos, dieron paso a la entrada en escena de Diego Navarro, quien sin mas dilación se dirigió al atril para el inicio del concierto, que se planteaba en una sala con una gran pantalla central, sobre el coro, y dos menores a ambos lados para que las butacas de las primeras filas no perdieran detalle. En ese momento la expectación, en un Auditorio abarrotado, era máxima, no solo por disfrutar plenamente de la experiencia, sino por comprobar hasta qué punto las dificultades técnicas o de concentración podrían influir en la sincronización de la música con la imagen, duda que pasó a un segundo plano desde el comienzo cuando al primer tutti de la orquesta encajó a la perfección con el fundido en blanco inicial, circunstancia, además, que puso el vello de punta a mas de uno y era un claro indicador de eso que se nos anunciaba como una experiencia sensorial de primer orden.

Efectivamente, la música se asumía con la misma naturalidad que en una sala de cine, aunque es cierto que en algunos momentos sientes la necesidad de mirar a los músicos en vez de a la pantalla, casi más bien para comprobar que aquello es real, y te das cuenta en esos instantes del papel de la banda sonora en el conjunto de la película, digamos que este tipo de conciertos eleva la banda sonora, sin desvirtuar la imagen, a una posición relevante por la presencia de los músicos en directo y es imposible no asumir entonces, por si alguien no lo tenía claro, que la música es parte esencial, que explica cosas y que implica cosas.

La película en su primera mitad posee menos música que en la segunda, por lo que los músicos tienen menos protagonismo y se mueven en la atonalidad incidental de Williams para explicarnos lo desconocido sin muchos problemas. A medida que la cinta avanza, se nota que la concentración de la orquesta va en aumento, teniendo que lidiar con los primeros pasajes de referencia a la montaña y esos escarceos a modo de contratema con la presencia de los militares en pantalla, donde las transiciones y golpes musicales en cambios de plano encajaban a la perfección. Tras el descanso oportuno en plena escena de la música más herrmaniana de Williams, cuando se dirigen en coche a la montaña, se nota cómo el compositor neoyorkino nos implica en la historia, dándole un mayor protagonismo a la orquesta y coros, que ahora si que se les nota absolutamente concentrados, con la única incertidumbre de qué pasará en la secuencia de la Conversación, ya que es una escena en la que la falta de sincronización sí se haría más evidente al coincidir con los cambios tonales de las señales luminosas.

Pero no, fue un espectáculo emocionante, perfecto, un matrimonio conjuntado sin fisuras dando lugar a ese maravillosos poema sinfónico final coincidente con los títulos de créditos que te transportan a un estado de armonía y satisfacción con lo vivido. En definitiva, una experiencia alucinante, difícil de olvidar, en la que me gustaría destacar el enorme esfuerzo técnico y de concentración hecho por los protagonistas, especialmente la profesionalidad de Diego Navarro con los tiempos y cómo sus músicos atendían a sus indicaciones con absoluta perfección de reloj suizo, pero con emoción, reseñando el soberbio papel de los coros, inconmensurables: sus voces salían de la pantalla. Me imagino que los ensayos tuvieron que ser tremendamente exigentes y ¡supongo que más de uno no volverá a ver esa película en su vida! Por suerte yo era solo una espectadora y disfruté muchísimo.

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