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CÓMO NO EXPLICAR LA MÚSICA DE CINE

19/02/2026
Conrado Xalabarder

(Este es el primero de dos artículos. El siguiente llevará el título Cómo explicar la música de cine).

¿Cuáles son los criterios que se han de seguir para poder hacer la crítica de una banda sonora? Como señala sabiamente el refranero, cada maestrillo tiene su librillo y con estas líneas no pretendo, ni remotamente, explicar cómo se deben hacer las cosas. Yo tengo mi propia metodología, creo que es la mejor (¡si creyera que hay otra mejor la aplicaría!) y por tanto es únicamente mi propia idea sobre cómo abordar la crítica de una banda sonora.

¿Puede hacerse solo con la música o debe hacerse con la película?

Partamos de una base importante: para lo que nos ocupa, no estoy hablando de crítica musical sino cinematográfica. De lo que se trata es de hacer un análisis/crítica de una banda sonora como elemento partícipe en la creación de una película. Las críticas o análisis estrictamente musicales no necesitan de la película, basta con tener la partitura o la música en cualquier formato para —conocimiento sobre música mediante— desarrollar una opinión o explicación. Cualquier análisis o crítica estrictamente musical que se haga sin conocimientos de música solo puede guiarse por lo emocional (me gusta/no me gusta), lo que, siendo muy respetable, no es demasiado serio. Aquí en MundoBSO nos ocupamos de la crítica/análisis audiovisual (cine, televisión, videojuegos...) de la música. Es decir, lo que suma o resta en la obra en cuestión.

PARTE 1: Cómo NO se debe explicar la música de cine

Durante los muchos años que llevo dando clases, conferencias, cursos, charlas en España o en América habré hablado ante miles de personas. No sé cuántas, pero con seguridad son miles. Puedo afirmar que la abrumadora mayoría de la gente que tiene algún tipo de interés por la música de cine no es coleccionista de bandas sonoras, al margen de que obviamente puedan comprarlas. El grueso de los visitantes de MundoBSO, por ejemplo, son cinéfilos, no coleccionistas de bandas sonoras. Entonces, ¿a qué publico quiere/debe uno dirigirse? Si nos dirigimos a los coleccionistas tendremos menos audiencia entre los cinéfilos; pero si hablamos de música de cine a estos, muchos de los coleccionistas también estarán entre la audiencia.

1.- No creo que a nadie —salvo amigos, familia y gente que me quiera— le importe mucho lo que yo sienta, mis emociones. Las emociones son algo muy personal, muy íntimo, muy respetables y sobre ellas no hay debate posible. Utilizar como argumento las emociones y gustos personales evidencia o bien que no se tiene nada mejor que explicar o bien que todo análisis pasa por el filtro del yoísmo.

Carlos Boyero es el crítico cinematográfico más popular —y controvertido— del país (del diario y del Estado!)

Carlos Boyero es un ejemplo del tipo de crítica que pasa por los gustos y opiniones personales. Eso no significa que no sea cultísimo, pero está condicionando la valoración de una obra a su impresión subjetiva y personal. Sobre ello escribí en el editorial No todo es ser como Boyero (15/10/2021):

"Milan Kundera hablaba de dos tipos de crítica y críticos: el primer tipo son los que hacen la crítica inmediata al salir de una sala cine, un teatro, un concierto y expresan su impresión sin darse tiempo a una mínima digestión. Carlos Boyero y similares son de este grupo (...) Por otro lado, están quienes se dedican a analizar la obra en profundidad, evitando guiarse por las emociones generadas sino por razonamientos más o menos objetivos, y sobre todo intentando acercar a sus lectores a la obra analizada, para descubrir de ella dimensiones nuevas, para señalar sus virtudes o explicar sus defectos"

Yo me posiciono entre los segundos. Mi trabajo no es mostrar mi ombligo, sino lo bien (o mal) que está cocinado un plato. Como he dicho varias veces un buen crítico gastronómico no es el que por detestar las lentejas pone a parir las de un restaurante que las cocina con excelencia. Un buen crítico gastronómico es el que pese a detestar las lentejas expone lo bien cocinadas que están las de ese restaurante, en sus ingredientes, cocción, proporciones... para explicarlo de modo más empírico: yo, personalmente, detesto Edward Scissorhands (1990), me sobrecarga de azúcar!!. Pero tiene un 10 de nota e hice este vídeo: nadie puede deducir viéndolo que no me gusta ni la película ni su música!

2.- Proscribir los categóricos. Los indudablemente, inapelablemente, sin duda alguna, indiscutiblemente, y todos los porque lo digo yo son una imposición, no una reflexión y no respetan al lector o al oyente. Creo personalmente que su uso responde a la inseguridad de quien habla/escribe, que necesita cerrar el tema y no dejar margen a una posible réplica, o a una arrogancia suprema.

3.- Sin amigos ni enemigos. La adulación y las fobias personales son denominadores demasiado comunes. La clave es ser honesto y no ahorrarse ni una coma de lo que piensas para gustar o complacer. Una de las preguntas que se me han hecho y que tienen que ver con este tema es cómo conseguir credibilidad. Yo contesté que la ganas en el momento en que haces una crítica fundamentada pero inmisericorde a un compositor que tengas agregado en Facebook. Ironizaba (o no).

Estos puntos sirven para cualquier tipo de comentario o crítica (de bandas sonoras, de teatro, de literatura...) pero es importante tenerlos en cuenta. Es mejor no ser emocional y sí explicativo. Creo que se puede decir que una música es bellísima si se entiende más como una definición o como un remate a la explicación que como un sentimiento personal. Naturalmente la personalidad de uno está en lo que escribe o en lo que habla, pero hay que procurar -¡yo no siempre lo consigo!- personalizar lo menos posible, que quien lea o escuche encuentre más razonamiento y conocimiento que sentimiento.

4.- No explicar la música de cine desde un CD. Este punto, para mi, es capital. Comentar una banda sonora explicando lo que hay en el CD es lo más generalmente extendido y provoca una cadena de errores que acaban por hacer que poco o nada se explique de esa banda sonora.

Como en Matrix, donde cada pastilla te lleva a un mundo diferente, elegir entre un CD y una película para hacer una crítica de una banda sonora marca la diferencia entre entrar en un mundo no real o el que lo es.

La música de cine no necesita del CD (ni el concierto) para entenderse y darse a entender. Le basta con ser cine. Hay que llevar a la persona interesada al terreno cinematográfico, explicar lo mucho o poco que aporta la música al conjunto de la película. Las críticas que consisten en ir desgranando el CD acaban por resultar de una pobreza absoluta en lo que concierne a la explicación de la música en la película. Se cometen en no pocas ocasiones errores garrafales como por ejemplo citar como temas diferentes lo que son un mismo tema que simplemente se ha nombrado de modo distinto en el CD en sus variaciones o transformaciones. Ya no hablo de quienes escriben y no les importa en absoluto lo que pase en la película, más allá de encajes y sentimientos. Hablo del monumental error de creer que un CD explica lo que hay en el filme. En la música de cine no hay nada más importante que su poder transformador, mucho más importante incluso que la propia música. Y eso solo se explica, muestra y demuestra plenamente hablando de la película, no de la música aislada.

Próximo artículo, en breve.

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