Continuamos con nuestro repaso comentado del libro John Williams. A Composer's Life (Oxford University Press, 2025), de Tim Greiving.
If you're really inspired about something, the music kind of writes itself. Then you just have to get out of the way and let it take over. Schindler's list was like this. It come out effortlessly (John Williams)
- JOURNEY TO THE ISLAND, 1991-1996 (continuación)
En la preparación de Schindler's List (93) John Williams seleccionó todas las piezas preexistentes y las grabó con una pequeña formación: el tango de Carlos Gardel o la música de Bach. Respecto a la creación de la música original, no quiso ponerse a escuchar ni estudiar música hebraica: «I find it a painful distraction to have to listen to music by other people while I am trying to organize things in my own mind» (página 372), y de hecho ya la conocía desde que hizo Fiddler on the Roof (71). Su primer Oscar, curiosamente, había sido con un filme sobre un progromo judío y el quinto y último hasta la fecha sería sobre el Holocausto:
Es conocida la anécdota cuando Spielberg le enseñó por vez primera el filme y Williams le dijo que necesitaba a un compositor mejor que él, a lo que el director le dio toda la razón pero le recordó que todos estaban muertos. Williams implicó a la orquesta: «During the recording, Itzhak (Perlman) and I could see the film, although the orchestra could not, so I invited everyone to come up and watch during the playbacks. Words couldn't describe how everyone was moved by what they were seeing, and of course that affected the kind of performance they brought to the music» (p. 375).
Tras esta monumental película, Williams se tomó un año sin hacer cine. A punto estuvo de ocuparse de The Bridges of Madison County (95), que habría supuesto su reencuentro con Clint Eastwood veinte años después de The Eiger Sanction (75), pero finalmente no la hizo y se dedicó en 1994 a su obra concertista. Su regreso sería de la mano de Sydney Pollack -con quien había estado cerca de hacer Out of Africa (85) de no ser por problemas de agenda- en la comedia romántica Sabrina (95), cuyo tema principal escribió pensando en Audrey Hepburn, protagonista del filme de Billy Wilder y que en una fiesta en casa de Roddy McDowall le había besado en la mejilla. Por ella recibió doble nominación al Oscar, en el mismo año en que también sería candidato por Nixon (95), su tercer filme con Oliver Stone:
Para retratar musicalmente al controversial Presidente Richard Nixon, Williams creó una de sus partituras más oscuras y tensionadas, tal y como explicó Oliver Stone: «John really entered into the dark side of Nixon's character and gave him grandeur» (p. 388). Para lograrlo, entre otros recursos, enfrentó a la orquesta entre sí en el tema principal: «It's not a melody that you sort of follow along in a kind of focused direction in terms of its nobility or its lack of nobility. It's full of contrasts and difficulties. This side of the orchestra playing along in a kind of consonant way (...) and suddenly something happens in the other side of the orquestra which defuses that, a dissonant element that comes into it» (p. 388).
Le fue ofrecida Mission: Impossible (96), de Brian De Palma, y mostró interés por ella, pero pidió poder cambiar el tema de Schifrin y crear uno nuevo, pero la respuesta de los productores fue clara: «Oh, no, no, no, you can't change the theme» (p. 390). Ni Sabrina ni Nixon funcionaron bien en taquilla, y Williams hizo triple fracaso comercial con Sleepers (96), de Barry Levinson, para cuya música se inspiró en Leonard Bernstein. Le valió, eso sí, una nueva candidatura al Oscar:
