Miniserie televisiva. El mundo de una familia se pone patas arriba cuando el hijo de 13 años es detenido acusado de haber asesinado a una compañera de clase.
En esta serie la música no es una herramienta dramática de relevancia de modo global, aunque resulta protagonista absoluta en momentos puntuales, muy importantes. Son estas: las canciones que cierran los episodios 2 y 4, altamente significativas por lo que expresan, y aquellas escenas donde se posiciona en primer plano, ocupando en la competición sonora los espacios del sonido y de los diálogs. Son momentos estos donde la música se inserta en el desconcierto ambiental o especialmente en turbación emocional de alguno de los protagonistas -especialmente el padre- y que ayuda a reflejar su alienación y shock. En lo demás, son músicas de apoyo puntual, pero esta es una serie donde el silencio musical es mucho más expresivo.